Quizás sea un efecto de haber crecido en el siglo XX, pero cuando pienso en refugio no siempre, ni necesariamente, pienso en lo familiar, lo próximo, lo privado. Más bien pienso en ciertas formas de lo público.Por caso, para la adolescente solitaria que alguna vez fui, el Teatro San Martín y el Centro Cultural San Martín constituyeron, sin saberlo, un regazo siempre dispuesto.
La información fue publicada por La nacion. En Altavoces ampliamos esta crónica con datos propios y la palabra de los protagonistas.




