Samuel "Chiche" Gelblung falleció este miércoles a los 82 años en el sanatorio Los Arcos. Con un estilo único, mordaz e innovador, transformó la prensa gráfica, la televisión y la radio en la Argentina, dejando una huella imborrable en la historia mediática del país.
Nacido en 1944 en Buenos Aires, se convirtió en un protagonista central de las últimas décadas en la historia de los medios, reconocido por su estilo directo y su capacidad para innovar en diferentes formatos. Su legado abarca desde la dirección de revistas emblemáticas hasta la conducción de programas de televisión que marcaron época.
Criado en Villa Devoto en el seno de una familia judía de clase media con activismo político, debió su apodo a que, según contó, “era un bebé tan lindo que me consideraban el chiche de la familia”. Su infancia estuvo signada por el rigor doméstico y la tensión ideológica que imponía la clandestinidad política. Su hogar era escenario de discusiones constantes y mandatos familiares rígidos, sobre todo ante el activismo de sus padres (Berta Kagan -apellido que más tarde cambiaría a Cohen- y Alfredo Gelblung -un industrial del cuero-) y el fanatismo religioso de su abuela. “Todos los días, a la hora de la siesta, mi abuela materna se ponía a rezongar y a llorar. Y lo hacía durante dos horas, sistemáticamente. Ella era muy religiosa, venía todos los días a joder sistemáticamente. Le decía a mi viejo: ‘Vos tenés la culpa de esto’, porque él era comunista”.
La vida familiar de Gelblung se cruzó con retos importantes: su hermano mayor fue enviado a Uruguay por una relación amorosa mal vista, mientras que la menor, Olga, que tenía 8 años, quedó bajo su cuidado. Esa relación fue definitoria para ambos: “La crié yo… fuimos amigos hasta el final”, compartió al recordar la pérdida de Olga durante la pandemia y el papel central que tuvo en su educación. Durante un programa de Polémica en el Bar, la recordó así: “El otro día marqué su teléfono. Lo tengo en el listado y dije ‘la voy a llamar’ pensando que estaba viva. Murió hace tres meses mi hermana. Y sumó una reflexión: ”Necesité la ayuda del psicoanálisis para entender la muerte. Pero nadie lo supera fácilmente”.




