Un hombre humilde llegó en agosto de 1938 a denunciar el robo de una fortuna colonial. Lo que la policía encontró, con el correr de los días, fue otra cosa. Pero la desmentida que lo hundió escondía, a su vez, un cabo suelto real: no uno, sino tres.
La información fue publicada por La nacion. En Altavoces ampliamos esta crónica con datos propios y la palabra de los protagonistas.




